Para el judaísmo, la familia es un factor esencial. Desde los valores propios del ámbito familiar, hasta sus funciones  educativas, sociales y económicas, la familia es base del desarrollo espiritual y cultural de nuestro Pueblo.

En consecuencia, la relación de pareja, hombre y mujer, constituye en muchos sentidos la unión más elevada de la existencia humana.

“No es bueno que el hombre esté solo, le haré una ayuda idónea para él” (Génesis 2:18) y concluye “por lo tanto el hombre dejará la casa de su padre y de su madre y se unirá a una mujer y formará con ella una sola carne”.

Esta relación, y por ende la esencialidad de la familia, va a encontrar en el matrimonio su sentido legal y su significado como experiencia integral dentro del ciclo de vida judío.